Estados Unidos, la mentira por delante
Fidel Castro reiteraba en fecha cercana que Washington no juega limpio. Y es, sin dudas, verdad absoluta. La sociedad imperialista norteamericana podrá amplificar cualquier cosa de sus pretendidas virtudes, pero la mentira, doblez y manipulación. son de esas características intrínsecas e indispensables para sus intereses y apetencias.
Mentira era el autocalificativo de "elegidos de Dios" acuñado por los primeros sajones que desembarcaron en América del Norte, y que justificaría a la larga la matanza de indígenas, la ocupación de tierras hacia el oeste, la depredación de parte de México, y las triquiñuelas que les pusieron en la mano la Luisiana, la Florida y Alaska a cuenta de los exhaustos imperios francés, español y ruso, respectivamente.
Para intervenir en la guerra de los mambises cubanos contra España, arrebatar la independencia a nuestro pueblo, a la vez que agenciarse los despojos del coloniaje ibérico en las Américas y Asia, se habló del "intenso amor" de la Casa Blanca por la sufrida y cercana Isla.
En el fondo, lo que bullía en la cabeza de los gobernantes norteamericanos de turno era la sentencia ya muy vieja de que Cuba, una vez madura, debía caer por entero en manos yanquis. De manera que las consecuencias de la titulada Guerra Hispano norteamericana no podían ser otras que el sometimiento y el neocolonialismo para nuestro país, y la conversión de Puerto Rico en colonia Made in USA, entre otras consecuencias deleznables.
Más recientemente todavía se recuerda a los representantes norteamericanos negando en la ONU la paternidad de la invasión mercenaria por Playa Girón, admitida apenas días después por el propio presidente John F. Kennedy, cuando la aventura bélica había concluido en la primera gran derrota militar imperialista en este hemisferio.
O decenios más tarde, al general Collin Powel, entonces secretario de Estado, mostrando falsas gráficas de los inexistentes depósitos de armas de destrucción masiva en Iraq para justificar la guerra y ocupación de esa nación centroasiática por las tropas made in USA.
Como mentira es ahora que Irán constituye amenaza para la seguridad mundial por su desarrollo pacífico del átomo, y falso resulta que Washington se despliega militarmente en Asia Central y el Medio Oriente en defensa del orden y la justicia, cuando existe tanto petróleo en la trastienda.
Se trata, en resumen, de la eterna cadena de falsedades que forma parte del devenir del imperio cuyas miras no son otras que el logro del dominio global, pero hace agua a pesar de ejércitos, agresiones, provocaciones e hipocresías.