La salida de prisión de los Moncadistas: Victoria Popular
Primero fue la campaña popular contra la incomunicación de Fidel en el Presidio Modelo de Isla de Pinos, en momentos en que el panorama nacional era sombrío y los medios de prensa en su inmensa mayoría estaban controlados o eran voz directa de la tiranía. Sin embargo la campaña se hizo escuchar de un extremo a otro del archipiélago, aunque solo excepcionalmente pudieron circular impresos.
Se reconocía el valor de la respuesta de Fidel al Fiscal en el juicio del Moncada: "Yo creo en el pueblo".
Casi de inmediato se inició otra jornada, esta en pro de la amnistía. Aunque Fidel había aclarado rotundamente desde Isla de Pinos, que "ni pido ni pediré la amnistía".
El grupo de las Mujeres Martianas fue pionero en la campaña. Ya Haydée Santamaría y Melba Hernández habían cumplido su condena en la cárcel de mujeres de Guanajay, y realizaban la labor inminente y más importante que Fidel les había indicado: publicar el hoy famoso alegato La Historia me Absolverá. Era imprescindible que el pueblo conociera cuán grande había sido la masacre de los asaltantes prisioneros el 26 de julio en las mazmorras del Moncada y en cualquier sitio de la provincia de Oriente, luego de padecer horribles torturas que la censura de prensa silenció.
Desde la prisión de Isla de Pinos el Jefe de la Revolución, que ya había librado la primera batalla en el Moncada, escribió a sus compañeras sobre cómo actuar para continuar la lucha. Una frase de aquellas cartas a Melba y Haydée, decía: "(... ) sin movimiento de masas no hay revolución". En ese momento, el movimiento de masas —de hecho— se volcaría a apoyar a todos aquellos compañeros, simpatizantes, estudiantes, trabajadores y patriotas en general que se sumaban a la acción de las Mujeres Martianas.
Existía una realidad objetiva: que ni el gobierno ni sus acompañantes como tampoco los partidos de oposición admitían, y era que, a partir del hecho concreto y heroico del 26 de julio, todos habían perdido el liderazgo y querían un "¿acto conciliatorio?" y elecciones, para mantener cada cual su pedazo de poder.
Tuvo efecto la movilización popular, realizada con enorme sacrificio, con la magra recaudación de dinero entre amigos y simpatizantes, o desconocidos individuos del pueblo que habían comenzado a conocer la verdad de las matanzas o fusilamientos extrajudiciales.
El 15 de mayo de 1955 ya habían transcurrido 22 meses de encierro de los moncadistas en Isla de Pinos, y Fidel y sus compañeros salían de prisión. Pero debe conocerse que la Ley de Amnistía contemplaba todas las causas incoadas en determinado lapso y no solo la Causa 37, por la cual fueron juzgados los asaltantes revolucionarios.
En el juicio del Moncada, victoria estratégica del 26 de julio, Fidel se convirtió de acusado en acusador, desde la primera vista el 21 de septiembre de 1953. El joven jurista exigió que se abrieran las causas criminales correspondientes a los crímenes que cometieron los aforados, y en la Ley de Amnistía aprobada, colgarían una "percha" sutil ("Enmienda", dirían los congresistas norteamericanos) nunca discutida por los legisladores. En virtud de esa "percha" se sobreseían también las causas que involucraban a los militares.
Pero lo cierto es que la persistente y vigorosa movilización popular había ganado la batalla. Las masas populares reconocieron en Fidel al único líder opositor que podría realizar un programa revolucionario nacional liberador, planteado en La Historia me Absolverá. La multitud que lo recibió en la estación de ferrocarril, en el viaje de Batabanó a La Habana, desbordó todos los andenes del tren. Era el voto a su favor de las fuerzas populares.