Sueños de ayer, realidades de hoy: elecciones libres en Cuba
Hablar en Cuba de elecciones antes de 1959 era como mencionar la participación de unos pocos en comicios apañados por el gobierno de turno y las conveniencias electorales para tal o mas cual alcalde, que por supuesto, representaba a la burguesía que no eran más que latifundistas o dueños de industrias.
Exigencias a punta de bayonetas, “garantías” para los votantes en cuanto a servicios médicos, candidatos que pregonaban la construcción de carreteras y escuelas, en fin, una maquinaria tan obsoleta como enfilada a sumir cada vez más a los cubanos en la miseria.
Pero mientras eso ocurría, los señores ricos se llenaban sus bolsillos precisamente a costa de las elecciones, a sabiendas que al final el triunfo les correspondería porque la farsa siempre estaba sobre el tapete.
Hubo una etapa en que hasta los muertos votaron, se les fue la musa a los organizadores, y parece que no contabilizaron bien la cantidad de personas existentes en el país y luego las cifras sobrepasaron con creces la realidad. Pero al final “cumplieron su cometido”.
Cuanta infelicidad en el pueblo hambriento, pobre, carente de los recursos elementales, sin educación y salud, al ver ante sus propios ojos que pasaba un año y venía el otro, “cambiaban de alcaldes” y nada se resolvía.
Cuantos deseos de ver libre a la patria y donde todos con derecho al voto pudieran expresarlo con sinceridad y sin mandamientos. Pasó el tiempo y pasó, hasta que la Revolución lo cambió todo.
Ya se acabaron los guardias armados hasta los dientes custodiando las urnas, en su lugar lo hacen los pioneros, alegres y optimistas. A nadie en Cuba se le obliga a votar al mostrar como pretexto acceso a la salud o la educación, porque estos servicios los reciben todos los cubanos por igual de forma gratuita desde 1959.
Los candidatos los nomina el pueblo en asambleas abiertas, con su poder, al medir méritos, virtudes y capacidad.
Se acabó en Cuba la farsa electoral. Las elecciones son transparentes de principio a fin, eso nadie lo duda.
Sueños de ayer y realidades de hoy, que todavía no entienden quienes en el mundo esgrimen aquellos “modelos” capitalistas que representan a una minoría y sobre todo a un sistema cada vez más decadente.
Las elecciones libres en Cuba son, por tanto, una expresión legítima de Democracia participativa, esa que valida la presencia de la inmensa mayoría que tiene como poder el del pueblo, principal protagonista y hacedor de una sociedad cada vez más justa y colectiva.