Faro Paredón Grande: Guía en las costas cubanas
Los cayos del norte de Cuba aguardan un fascinante mundo natural, en que sobresalen la verde fauna costera, y las hermosas playas de fina arena y transparentes aguas con diferentes tonalidades de azul turquesa.
Ubicados en la región central de Cuba, los cayos Coco, Guillermo, Paredón Grande, Media Luna y Antón Chico integran el destino turístico Jardines del Rey avileño, conocido en el mundo por visitantes de diferentes naciones que disfrutan del acogedor entorno.
Coco y Guillermo son los únicos islotes que cuentan con una infraestructura constructiva integrada por 14 confortables hoteles ubicados en primera línea de playa, restaurantes, marina y aeropuerto internacional, entre otras bondades.
Pero la zona es más que sol y playa, hay otras porciones de tierra que, aunque carecen de instalaciones hoteleras, aguardan una naturaleza mucho más virgen y de gran belleza por sus flora y fauna bien conservadas.
En ese caso está Paredón Grande, distante unos 500 kilómetros al noreste de La Habana, con su sello distintivo: el faro Diego Velázquez, construido a mediados del siglo XIX.
La edificación de hierro fundido, con 48 metros de altura, 156 escalones y nueve mil 956 tornillos, constituye un elemento significativo eentre las obras ingenieras de alto valor en Cuba, pues revela la llegada de una nueva época arquitectónica.
En 1848 el conde Cañongo presentó a la Real Junta de Fomento una moción para la construcción de la majestuosa obra, por el servicio que prestaría a la navegación próxima a la cayería norte de la mayor de las Antillas.
La edificación era muy importante en la región, fundamentalmente para el área comprendida en Jardines del Rey, por la cercanía de la barrera coralina de más de 400 kilómetros y las bajas de arena y arrecifes.
Edificarlo llevó tiempo, fortuna y sobre todo mucho esfuerzo. En 1854 comenzó la construcción, en la cual participaron negros africanos, y ya el primero de noviembre de 1859, a las 22 horas, su luz comenzó a servir de guía a los hombres del mar.
Fue el marinero Ángel Tabada quien prendió fuego al mechón de aceite que emitiría sus intermitentes destellos hasta varias millas mar adentro.
Actualmente la linterna, con un exacto mecanismo, lanza tres destellos de luz blanca en forma de relámpago por cada 15 segundos, con un alcance lumínico de 36 millas náuticas.
Su iluminación ha evolucionado con el transcurso del tiempo. Primero se utilizaba aceite, posteriormente petróleo y, por último, la corriente eléctrica, que eleva su potencia a 158 mil bujías.
Como un centinela luminoso, Paredón Grande orienta las naves que transitan por el canal Viejo de las Bahamas, importante corredor marítimo internacional, distante a sólo tres millas de la Costa Norte de Ciego de Ávila.
Hasta la majestuosa torre se llega mediante vía terrestre a través de un pedraplén (carretera sobre el mar), que los islotes que integran gran parte del archipiélago Sabana-Camagüey a la isla de Cuba.
El faro, que contó con el talento del ingeniero Don Francisco de Albear, creador, además, del acueducto de La Habana, continúa firme sin opacar su luz ante el paso del tiempo y, por su situación, geográfica cubre toda la costa norte de la región central de país.
Cayo Paredón Grande sorprende por sus paisajes tropicales, en que resalta una rica biodiversidad, con ocho kilómetros de hermosas playas y excelentes valores de variada flora y fauna.
Debe el nombre a los altos farallones que bordean su extremo norte y que a la vez parecen guardianes de sus costas.
Las bellezas naturales, tanto submarinas como terrestres, impresionan a quienes visitan el islote en busca de un lugar tranquilo y seguro, en el que es posible disfrutar de la playa Los Pinos, uno de los balnearios vírgenes de la región turística.
En sus áridos terrenos crecen mangle rojo, hicacos, palma enana, cactus, yuraguano y lirios, mientras que el mundo animal está compuesto por más de 79 especies, entre las que sobresalen garzas, alcatraces, palomas, rabihorcados, sevillas y otras.
Los impresionantes fondos marinos, integrados por sectores de la barrera coralina que bordea el litoral, sirven de hábitat a una gran gama de animales acuáticos y, además, constituyen un escenario divino para la práctica del buceo.
A pesar de su longevidad, el monumental faro de Paredón Grande cumple cada día su misión: acompañar al navegante en las claras u oscuras noches, desde una torre cuya fortaleza no ha podido ser doblegada por ciclones ni por otros fenómenos atmosféricos.

