Historia de Morón
Está históricamente probado que en el Cabildo celebrado en la Trilla de Sancti
Spíritus en fecha 24 de mayo de 1543, el hato de Morón fue mercedado al señor Don
Luis de Almeida.
Las enormes inundaciones del río de primavera el Roble obligaron a sus primitivos
habitantes a trasladarse a la baja del terreno de más de un kilómetro, que ocupa la
actual calle Martí, que se extendía a partir de la Plaza (hoy parque Agramonte).
El origen de la frase "como el Gallo de Morón", "sin pluma y cacareando" se debe al
siguiente hecho histórico. Durante el siglo XVI existían serios problemas de orden
público en Morón de la frontera, España. Las rivalidades políticas y el nombramiento
de autoridades provocaban disturbios. Se cometían innumerables abusos con los
moroneros españoles por parte de jueces y receptores que despojaban a muchos de sus
haciendas, llevándolos presos y cobrándoles altas contribuciones.
Una de esos funcionarios que llegó a Morón cuando las pasiones estaban más
caldeadas, empezó a tratar a muchos con grosería y decir que por allí no había más
"gallo que él" o "donde canta este gallo no canta otro..." El pueblo puso por su
nombre a este funcionario "el Gallo de Morón".
Un día los vecinos sacaron al individuo a las afueras de la población, le quitaron
la ropa, dejándolo solamente en camisas, y con unas flexibles varillas le propinaron
tremenda paliza. Esto dió motivo a que los cantadores andaluces perpetuaran el hecho
en una simpática coplilla que decía:
Anda que te vas quedando
como el gallo de Morón
sin plumas y cacareando
en la mejor ocasión.
Con tal motivo existe en este pueblo de España, en el paseo de la peña, un curioso
monumento erigido a un gallo desplumado que es orgullo de la ciudad.
El Gallo de Morón de la Frontera, constituye el símbolo de la Rebeldía de un pueblo
que no se dejó vejar, es una advertencia a los que se enseñan con los desposeídos,
es una la dignidad de este pueblo.
Se supone que desde el siglo XVIII la tradición del Gallo se trasladó a nuestro
Morón, por llevar este el mismo nombre del pueblo donde se desarollaron los
acontecimientos referidos, y existir en este territorio un fuerte núcleo poblacional
de origen español.
Lo cierto es que desde las primeras generaciones de moroneros, el gallo se convirtió
en un símbolo de nuestro pueblo, aunque la tradición evolucionó porque este fue
concebido siempre como un gallo con plumas, diferenciándolo así del Gallo implume
que representa al Morón Español.
Esta tradición prendió rápidamente en el sentimiento popular, y Morón comenzó a
conocerce, primero como la Tierra del Gallo y después como la Ciudad del Gallo.
A mediados de la década del 50 surge la idea colonizada por el Dr. Benito Llanes
Recino, periodista, abogado y profesor del Instituto de Segunda Enseñanza e
Historiador de la Ciudad, de erigir un monumento del gallo.
Esta situación fue respalda por algunas instituciones existentes en aquel momento y
por el pueblo, que por diversas vías, hizo diferentes donaciones, ya que veía en el
gallo su legítimo símbolo y la manifestación de una vieja tradición cultural por
varias generaciones de moroneros. Por dichas razones, el pueblo en masa coadyuvó a
la materialización del anhelo popular de ver a su Gallo esculpido en bronce.
Aprovechando este sentimiento legítimo de los moronenses hacia sus símbolos, los
polítiqueros de la época se apropiaron de la idea y concibieron la construcción del
monumento y el parque en el cual se enclavaría el mismo, al que le dieron el nombre
de parque "General Batista". Los moronenses jamás reconocieron tal nombre, pues lo
llamaron y lo siguen llamando Parque del Gallo.
A la inauguración de dicho parque, efectuada el día 11 de septiembre de 1955,
asistió el dictador aprovechándose esta oportunidad para hacerlo hijo adoptivo de
Morón, conjuntamente con su esposa. Como constancia de aquel hecho se develó una
tarja en la torre del Reloj que se erigió junto al monumento del Gallo.
El pueblo de Morón no solo repudió la presencia del odiado dictador sino también el
ultraje a su querido símbolo, lo que quedó con el hecho de que a pesar de la intensa
campaña propagandística acerca de la inauguración y de que amenazaron con censatía a
los trajadores de la Administración Pública que no asistieran, y de recurrir a los
elementos antisociales plenamente conocidos, el acto no pasó de ser una ridícula
reunión de un pequeño grupo de adictos al régimen y a esbirros que tenían la tarea
de garantizar la vida del Dictador.
Este hecho constituyó un nuevo motivo para acrecentar el odio y el descontento del
pueblo hacia el régimen existente, lo que hizo evidente en la irritación y malestar
que se observa en las masas populares en los días posteriores a la inauguración.
En los meses posteriores del triunfo de la Revolución un oficial del Ejército
Rebelde, destacado en esta ciudad (quien fuera sancionado por este y otros hechos)
para justificar sus aspiraciones personales de poder, tomó como pretexto el nombre
que obstentó el parque y la participación de los personeros de la tiranía a su
inauguración, y en la madrugada del 6 de febrero de 1960, acompañado por otras
personas arrancó el monumento, depositándolo en la vía pública, frente al
Ayuntamiento Municipal.
Al día siguiente un numeroso grupo de moronenses que se congregó ante el lugar,
restituyó nuevamente el Gallo en su pedestal, organizándole una airada manifestación
de protesta.
Como consecuencia de todo lo argumentado anteriormente y producto de no poseer la
madurez política de hoy, se identificó por algunos el símbolo del Gallo como
representativo de la odiosa tiranía, por lo que un grupo de personas residentes en
otros poblados aledaños a la cabecera del municipio, lo derrivó nuevamente el 16 de
febrero, destruyéndolo totalmente.
Alrededor del hecho se provocaron intensas polémicas, poniéndose de manifiesto una
vez más la indignación del pueblo de Morón ante la destrucción de su símbolo.
A pesar de todas estas contradiciones hoy su pueblo se levanta con su canto, y si tú
no conoces el Gallo de Morón nunca has ido a Morón.