Razones de Martí sobre la fruta madura
Los Estados Unidos en su afán por apoderarse de Cuba, siempre han anhelado poseerla a su antojo para dueños de la bella tierra, trillar sus caminos en el saqueo de los principales recursos y tenerla como llave en sus bolsillos del poder y la deslealtad humana.
Muchos han sido los intentos desde que España como metrópoli hacía y deshacía a sus antojos, sin importar como los aborígenes, primeros habitantes de esas tierras, eran devorados como fieras y sacados de paso para imponer la voluntad de una nueva “civilización”.
“..¿Podrá un cubano, a quien estos recuerdos estremecen, olvidar que, cuando tras dieciséis años de pelea, descansaba por fin la lanza de Páez en el Palacio de la Presidencia de Venezuela, a una voz de Bolívar saltó sobre la cuja, dispuesto a cruzar el mar con el batallón de “Junín”, “que va magnífico”, para caer en un puerto cubano, dar libres a los negros y coronar así su gloria de redentores con una hazaña que impidieron la sublevación de Bustamante en el Perú, adonde “Junín” tuvo que volver a marchas prontas, y la protesta del Gobierno de Washington, que “no deseaba cambio alguno en la condición ni en la posición política de Cuba?…”
Tal aseveración de José Martí, aparecida en el Tomo 8 de las Obras Completas, evidencian con toda claridad que desde muy temprana fecha ya el gigante del Norte reparaba la inevitable caída de Cuba, cual “fruta madura” por la influencia de las ambiciones.
El Apóstol de la independencia reafirmaba con creces cual había sido la voluntad de los luchadores independentistas en el continente: levar la libertad a la Isla y ponerla en el concierto de repúblicas hermanas.
Y una fruta madura estuvo en manos del imperio que como nuevo colonizador de esas tierras hizo a sus antojos a través de gobiernos de turnos en cuya dependencia absoluta depositó toda la “confianza” para poseer a la Isla como suya íntegramente.
Pero hubo después un Primero de enero de 1959, fecha que marcó el nacimiento de una sociedad diferente donde el pueblo como dueño de su destino desafió a la superpotencia, para a través de la resistencia inconfundible hacer patria en medio del Caribe.
Y ahora la fruta no caerá en manos de los poderosos, porque sobran brazos e inteligencia para sostenerla siempre, cual presagio de la fidelidad y el decoro de hombres y mujeres dignos.
Razón tenía Martí. Pero en definitiva fue él mismo quien alertó una y mil veces sobre los peligros que se cernían y la necesidad de enfrentar las ambiciones con firmeza y devoción por la tierra prometida.