Héroes de la dedicación, dignidad y firmeza
Condenados a desmesuradas y vengativas sanciones en cárceles de Estados Unidos, los luchadores cubanos Fernando González, Gerardo Hernández, Antonio Guerrero, Ramón Labañino y René González, cumplían con ejemplar dedicación, dignidad y firmeza la histórica misión de defender a la patria.
Sin importarles los riesgos que corrían para sus propias vidas por desarrollar su trabajo en un medio sumamente hostil, supieron crecerse con inteligencia y decoro en su objetivo de descubrir acciones terroristas, con el propósito de advertir al país de planes criminales de muerte y daños contra el pueblo cubano, incluso de peligros para ciudadanos norteamericanos.
Fue así que el 29 de diciembre de 2001, el Parlamento cubano otorgó el Título Honorífico de Héroe de la República de Cuba a esos cinco luchadores antiterroristas.
El propio Parlamento concede ese día la Orden Mariana Grajales a las madres y la Orden Ana Betancourt a los respectivas esposas, como justo reconocimiento a quienes son también firme sostén para sus hijos por su dignidad y grandeza insuperables.
De manera especial el reconocimiento lleva implícito para Adriana Pérez, Olga Salanueva, Rosa Aurora Freijanes y Elízabeth Palmeiro, la más cálida interpretación de su papel al soportar con honor y abnegación el dolor profundo de la ausencia de sus respectivos cónyuges.
Por más de 13 años estos cinco cubanos permanecen en cautiverio sometidos a crueles torturas psicológicas y a oscuras maniobras carcelarias, ante lo que imponen la voluntad y las más firmes convicciones, en medio de una gran ola de solidaridad que les llega por los cuatro puntos cardinales. Así el pueblo cubano y muchos hermanos en el mundo los reconocen como Héroes Prisioneros del Imperio.
Cuando expira el 2011, y la alegría se multiplica por el recibimiento de un nuevo año, hay cinco familias cubanas que sufren la pena y el dolor de no poder disfrutar de la alegría que constituye la reunión familiar por la festividad, aunque en cada uno de sus miembros impera la seguridad de que más temprano que tarde, volverán a sus hogares porque la verdad y la razón están a su lado.