Desembarco del Granma: Perenne lección para la historia
Cuba conmemora este dos de diciembre otro aniversario -el 53-- del desembarco de los 82 expedicionarios del yate Granma, quienes sentaron ejemplo perenne de patriotismo para la historia de las luchas emancipadoras y de inspiración a las actuales generaciones.
Desde México transportó el yate su carga de heroicidad, personificada en combatientes revolucionarios dispuestos a seguir eslabonando la cadena que enlaza con los heroicos gladiadores de 1868 y el 1895, batalladores para liberar a la patria esclavizada por el colonialismo español.
Los intrépidos navegantes eran guiados por la estrella de la esperanza.
Su meta, como había anticipado el líder de aquella hombrada, Fidel Castro Ruz, era llegar a Cuba y prender la llama de la insurrección armada para vencer a la tiranía pro imperialista.
No existía otra alternativa más que retomar el relevo en la guerra necesaria que desde su verbo lúcido, unido a la acción beligerante, había anticipado José Martí, cuyo ejemplo prosiguió cabalgando y conquistando conciencias.
En el asalto al cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953, había estado Martí junto a Fidel y también con este en el yate Granma, guiado mediante la voluntad inquebrantable de alcanzar la definitiva independencia y soberanía para Cuba.
La libertad de la Patria permanecía mediatizada por designios de los sucesivos gobiernos de Estados Unidos, poderoso vecino del Norte empecinado en imponer la soberbia de quien codicia con similar intensidad con que desprecia.
Tras el azaroso desembarco en Las Coloradas -en la entonces provincia de Oriente--, los expedicionarios sufrieron el revés de Alegría de Pío el día cinco de diciembre y se dispersaron. Pero Fidel, con un pequeño grupo, logró asentarse en el firme de la Sierra Maestra.
Fue aquel el núcleo inicial del Ejercito Rebelde, que un mes más tarde estremecería a la tiranía con la toma del pequeño cuartel de La Plata. Así, se desmentían las falacias propaladas sobre la muerte del líder revolucionario y todos sus compañeros, y se reavivaba la llama de la esperanza puesta en la unidad en torno a la lucha armada.
Tras fracasos tácticos y triunfos heroicos de la tropa del Granma, multiplicada con la presencia creciente de combatientes en la sierra y en el llano, la epopeya culminó con la derrota de la tiranía el primero de enero de 1959, y abrió senderos de esperanza a la consolidación de la estrategia revolucionaria: construir una sociedad de plena igualdad de justicia social.
Aquel dos de diciembre de 1956 está grabado en la conciencia nacional como símbolo renovador de fuerzas, tantas, que a pesar de los intentos del gobierno norteamericano para revertir la historia cubana, el desembarco de los 82 expedicionarios, hace 53 años, continúa alimentando la determinación de seguir venciendo.