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Historias de carnavales en Morón

Héctor Izquierdo Acuña Septiembre 13, 2019

Morón está de carnavales o Festejos Populares, como ahora se le llama;  una de las festividades más esperadas por el pueblo que, tras un año de intensa labor, aprovecha esos días para compartir su hospitalidad y alegría. Esas fiestas vienen de antaño y han tenido sus particularidades, de acuerdo a las condiciones, épocas y posibilidades reales.

Desde hace muchos años, los carnavales son verdaderas fiestas de pueblo. Se dice que los primeros se celebraron en la década del 20, y debe ser así porque en 1920 salió una carroza titulada “La Invasión”, consistente en un avión sobre un auto, en ese entonces del último modelo, sobre el cual posaba un elenco de cinco bellas jovencitas vestidas de pilotos.

Los preparativos de los festejos duraban un mes o más. Las cuadras se adornaban y sus moradores hacían gala de verdadero ingenio y conocimientos artísticos. Los vecinos cooperaban aportando dinero, flores, cintas, pencas con los cuales conformaban los motivos alegóricos al tema escogido como nombre de la calle.

También se elegía la reina del carnaval y sus damas de honor. En aquellos certámenes se presentaban muchachas muy bellas y cada candidata debía recibir cierta cantidad de votos para ser electa reina o dama de honor.

Cada Comisión imprimía bonos que iban adquiriendo los simpatizantes de la muchacha, aquellas favorecidas por la mayor cantidad de votos eran las que resultaban elegidas en las diferentes categorías del concurso.

Los bandos buscaban lugares ocultos para confeccionar sus carrozas, ensayar las comparsas y todas esas actividades que traían aparejados esos festejos. También desfilaban automóviles y camiones adornados. Este desfile lo encabezaba la carroza de la reina que al salir se convertía en un espectáculo verdaderamente maravilloso: voladores, fuegos artificiales, en fin, eran formidables aquellas festividades.       

Durante los paseos de carrozas el pueblo se volcaba a las calles. Partían desde el parque Agramonte y llegaban hasta el Martí donde realizaban sus coreografías y se coronaba a la reina y sus damas de honor.

Después el jolgorio continuaba con bailes populares en el parque Agramonte, en cuyas cercanías estaba el famoso Reverbero, y en las distintas sociedades de Morón como la Canaria, el Liceo y la Colonia Española. Venían a estos eventos personas de distintos puntos de Cuba.

Me contaron de un señor nombrado Tibaldo quien salía en una carroza. Era alto, de gruesa complexión y muy conocido en esa época; se vestía como un niño pequeño, con su cuerpo cubierto únicamente con pañales. Cuando llegaba al parque Martí lo coronaban como “El Rey Momo”, el dios de la burla y la locura, el rey de los carnavales era, por así decirlo, una atracción en aquellas festividades.

Para la cuadra mejor engalanada se entregaban premios. Se nombraba una comisión integrada por los directivos de de algunas sociedades y por profesionales; eran ellos los encargados de visitarlas y realizar la premiación.

La fiesta comenzaba en horas de la tarde con un desfile de carrozas y comparsas, así como mamarrachos y personas disfrazadas, dándole a estas actividades el sabor característico de carnaval. Las carrozas y comparsas eran de un colorido extraordinario y sus adornos los costeaban las distintas sociedades y comercios de la ciudad. Desfilaban por la calle principal.

Las comparsas estaban integradas por los mejores bailarines de la población. En el marco del carnaval se daban bailes en las cuadras más céntricas y bonitas del pueblo donde afluían un mayor número de personas.

Entre las orquestas y conjuntos que contaba el municipio en aquellos años se rememoran la Orquesta Jazz Band Apolo, Orquesta Aranzola, Orquesta Nillet, Orquesta Paseiro, Orquesta Echemendía, Orquesta de Leiva, Orquesta Miramar, Conjunto Orlando Mesa, entre otras agrupaciones.

También nos visitaron elencos de otras provincias, principalmente de La Habana, como las Orquestas de Benny Moré, la Hermanos Avilés, de Mercerón, de los Hermanos Palaus, la Riverside, la Aragón y el Conjunto Casino entre muchos otros.

El carnaval acuático

En 1955 surge el carnaval acuático a partir de una idea promovida por miembros de la Asociación Deportiva Marítima (ASDEMAR) entre los que se destacaban Avelino Quiroga, José Rodríguez Oria, José Ramón Aldereguía, Manuel Ramos, Manuel Pérez Pérez y Enrique Pérez Pérez.

Se celebraba en el canal que une al Embarcadero con la Laguna de la Leche y consistía en un desfile de barcos particulares que, transformados en carrozas, engalanados con flores naturales y transportando bellas jóvenes, casi siempre familiares de los propietarios de las embarcaciones, recorrían todo el Canal.

El jurado estuvo presidido por Tibaldo Herrera Izquierdo y compuesto por los presidentes de las Sociedades de Recreo de la ciudad, así como un representante designado por la Alcaldía Municipal y la Emisora Local de Radio. El premio consistía en una copa fabricada por la Casa Farah, de La Habana.

En este festejo no existía una participación activa del pueblo; primaban aquellas personas con determinadas posiciones económicas. Los desposeídos se contentaban con admirar las bellas naves desde las riveras del embarcadero.

El expendio de bebidas y comidas se limitaba a los dos bares restaurantes que en aquel entonces existían en el Embarcadero y el Morón Yacht Club, donde solo podían entrar sus socios.

Pero esta festividad dejó de celebrarse en 1957, como resultado de la situación política y económica del país, en momentos en que la lucha revolucionaria tomaba más fuerza.

Ya en la Revolución los carnavales han tenido otra connotación. Se recuerda el correspondiente al año 1967, llamado popularmente como el Carnaval de Félix Torres, que fue de tal magnitud que aún hoy perviven en la memoria de muchos moronenses.

Félix Torres era comandante del Ejército Rebelde y había sido designado en 1966 Jefe de la Región de Desarrollo Agropecuario en Morón, territorio que dirigió desde esa fecha hasta 1968.

Para festejar las fiestas carnavalescas de 1967 se reunió la dirección de la Región y el Partido quienes trazaron las líneas de trabajo.

En 1967, como director del INRA, se planteó que los festejos debían ser a la altura que el pueblo merecía y se hizo cargo de una plaza carnavalesca. Surgió la idea de construir un túnel de pencas y flores que unía la calle Martí con la pista del INRA, que se había preparado en el primer semestre de ese propio año.

Los afamados carnavales comenzaron el 20 de agosto y concluyeron el 10 de septiembre. Se hicieron confortables kioscos para vender frutas. No se dio nada gratis. Se abrió el restaurante del INRA, al lado de la Pista, que funcionaba las 24 horas del día.

La carne se le compró al Matadero y en ningún momento se mató reses sin la debida autorización. Fue esa, la Pista del INRA, la zona más concurrida de Morón durante esos festejos.

Allí tocaban tres orquestas cada noche, los músicos y demás artistas fueron contratados en Varadero. Estuvo en esa ocasión la Orquesta Riverside y Tito Gómez, la orquesta Revé y muchas más. La presencia de Argelio García, el popular Chaflán, como el maestro de ceremonia constituía un incentivo para que cada noche la pista se viera colmada de público de todas las edades.

También forman parte del pasado la elección de la Estrella y sus Luceros, que tenía lugar cada año, previo al carnaval. Varias tuvieron por escenario el estadio Paquito Espinosa. Era un espectáculo que convocaba a miles de moronenses, La conducción la realizaban locutores de Radio Morón como Edel Fernández Venegas, Aracelio Rodríguez López, Elizabet Iparraguirre, entre otros.

Para esos eventos se seleccionaban jóvenes en representación de los distintos sindicatos y centros de toda la Región Morón, que comprendía el norte avileño en su totalidad. Por ejemplo, para los festejos de 1973 fueron cerca de 160 las candidatas.

Se recuerda a Erenia Torres, Estrella del Carnaval de 1972, en el cual intervinieron cuarenta y dos agrupaciones musicales, trece carrozas y varias comparsas. También participó la Estrella Provincial Elena Moredo Romo.

Ese año uno de los puntos principales estuvo en El Reverbero, donde se celebraron fiestas de gran colorido pues desde el principio se encendía un gran reverbero que no se apagaba hasta que no cesaba el eco de la última tumbadora trasnochada.  

Las carrozas eran construidas por los diferentes organismos, entre ellos el Ministerio de Transporte, MITRANS, Instituto Nacional de la Industria Turística, INIT, Instituto Nacional de la Reforma Agraria, INRA, Columna Juvenil del Centenario, Transporte Agropecuario, Marina Mercante y Puertos, entre otros.

En 1973 se construyeron nueve plataformas en la ciudad, y se conformó, entre los diferentes sindicatos, una comparsa que se llamó Los Maraqueros, integrada por treinta y seis bailarines de ambos sexos en representación de los catorce sindicatos constituidos en la Región.

En esos años, los carnavales moronenses constituían un evento de gran convocatoria popular, incluso más allá de sus fronteras, pues en esas festividades arribaban a la ciudad visitantes de las más diversas regiones del país.

Más tarde, a comienzos de los años ´80 del pasado siglo, comenzó la noble idea de recibir al Moronero Ausente, que tuvo feliz acogida, más feneció demasiado pronto sin dejar su impronta bien sentada; una idea que debería ser retomada en aras de revitalizar la memoria de quienes por las más diversas causas, no viven ya en la ciudad del Gallo, en algún lugar entre los arroyos El Roble y Cimarrón.

Lamentablemente, por las más disímiles causas que puedan alegarse, que van desde carencias económicas hasta el hecho de desvirtuar la esencia popular de estas festividades, los carnavales, tal y como lo conocimos y disfrutamos, han perdido el encanto de antaño, hasta el punto en que hoy se cuestiona su propio denominativo pues el pueblo se pregunta: ¿carnaval o fiesta popular?

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